En blanco y negro
Si los términos medios no
existieran, la vida no tendría sentido. Las personas, los animales, las cosas
suelen ser blancas o negras… ¡qué genial sería si pudieran tener un tono
grisáceo! Mi vida está llena de matices, un poquito de él y otro poquito de
ella. Mi padre y mi madre.
Crecí en una familia que inicialmente
estaba formada por cuatro hombres y dos mujeres. Mi papá, mi mamá, una tía mi
hermano mayor y menor y naturalmente yo. Con el pasar del tiempo se fueron unos
y llegaron otros, se fue mi papá y llego una primita. Quizás el hecho de que mi
papá no hubiese estado presente durante mi desarrollo inhibió mi metamorfosis
en él. Sí, así como Hector Abad en su libro “el olvido que seremos” expresa su
amor por su padre y lo mucho que lo marcó, yo también he de decir, “¡papá no
hay dos!”.
Solía ser una persona solitaria y
tímida, tal cual mi papá lo era de niño, pero con el pasar del tiempo me volví
espontaneo y extrovertido como lo ha sido mi mamá. Ser expresivo nunca ha
estado en mi conducta, tal vez por el hecho de que no con mucha frecuencia
recibía manifestaciones de cariño por ninguna de las dos partes.
Mi papá abandonó el barco
familiar cuando yo todavía era muy niño. No superaba los cinco años creo. La
verdad hasta hoy, no recuerdo que me haya afectado, emocionalmente digo, pero
sí marcó lo que pudo haber sido mi personalidad. Despertó entonces en mí, una
manera muy particular de ser. Temperamental, intratable y hasta grosero. Pero
¿por qué?, siempre me hacía esa misma pregunta, ¿por qué tanta rabia? La respuesta
era hasta cierto punto muy tangible. Desconocer ese carácter fuerte y esa
particular forma de ser mi madre, es negar que nadie pueda no comunicarse. De
ahí parte mi vida, no imaginan cuántos problemas he tenido por dejarme “llevar
de la rabia”.
Sin embargo, nunca estuve del
todo alejado de mi papá, y aunque no vivíamos en la misma ciudad, bastaba una
sola llamada cada ocho días y/o su presencia durante cada cumpleaños mío o de
mis hermanos para alegrarme. Caso contrario era con mi madre. Solíamos llevárnosla
mal, peleas aquí, peleas allá. Parecía nuestro pan de cada día. Mi gran duda
siempre fue ¿por qué quiero a mi papá y no a mi mamá? Hoy entiendo que no es
desamor por ella. Es ella la que siempre estuvo ahí para mí, la que siempre me
apoyó, la que me corrigió la que me felicitó. El hecho estaba entonces, en que
nuestras formas tan parecidas de ser chocaban, polos opuestos se atraen pero
los iguales se repelen. Al no tener esa otra figura que me dijera las cosas,
“el agua sucia caía en ella”. Y no es que así lo haya querido yo, fue cosa de
momentos, cosa que se es me escapaba de las manos, cosas de las cuales hoy me
arrepiento.
Fue pasando el tiempo, iba
madurando lenta pero seguramente. Supe transformar ese vacío que dejo mi padre.
Mi mente y mi corazón transformaron su falta en más amor o eso creo. Jamás en
la vida le reclamé, jamás en la vida lo juzgué, es más creo entenderlo, y es
que ¡no es fácil convivir con mi mamá! Nunca, pero nunca en la vida hice o dije
algo que lo molestara. Las pocas oportunidades que en que nos veíamos y
hablábamos trataba de aprovecharlas al máximo. Igual su sola presencia y su
sola voz eran motivo de felicidad. En su momento sentí querer más a mi papá que
a mi mamá, ¡momento!, aún creo quererlo más a él que a ella.
A medida que crecía, iba ganado
en conciencia. Consideraba más a mi madre y empezaba a pensar en ¿por qué? hizo
lo que hizo mi papá. Lo interiorizaba, más nunca lo expresaba. Solía tener
largas y profundas conversaciones conmigo mismo, al final terminaban tanto mi
padre como mi madre en una balanza. Los juzgaba por igual, los consideraba por
igual pero nunca los trate por igual. Siempre y a pesar de todo, siempre tuve
cierta preferencia por mi papá.
Hoy día manejo más los tiempos y
los momentos. Aprendí a llevar una vida calmada cuando es necesario como lo
hace mi papá y explosiva cuando se requiere serlo como lo es mi madre. Suelo
ser precavido y temerario, no doy un paso sin estar seguro tal como lo es mi
padre, pero una vez doy el paso, no hay quien me detenga y doy lo mejor de mí
como mi mamá. No expreso mucho lo que
siento, algo característico en ambos, pero cuando lo hago es realmente sincero.
La familia es primero que todo tal como lo demuestra mi mamá, no con palabras
sino con hechos. Luchar por alcanzar tus sueños hasta que los consigas, tal
cual lo hizo mi papá. Serle fiel a una sola mujer y poner de mi comprensión y
tolerancia para que una relación pueda funcionar, cosa que ninguno de los dos
pudo hacer.
Nuestras vidas no son perfectas,
y eso es lo que las hace perfectas. Vivir no es fácil, solo es bonito. Los
problemas no existen, las soluciones sí. La felicidad no existe, solo tenemos
momentos de alegría. El miedo no es un derecho, es un deber. La personalidad nos
describe como somos, nuestra conducta es la manera de comportarnos frente a los
demás. Yo soy yo, tú eres tú y ellos son ellos. El mundo está lleno verdades
erróneas, la única verdad es que nada es del todo cierto. La combinación de
pequeñas muchas cosas nos define, nadie es todo blanco o todo negro. Nosotros
no nacemos, nos hacemos.
De allí a que yo sea el producto
de un sinfín de situaciones que me han dibujado y desdibujado. En ese camino de
marcadores, mi papá y mi mamá han tenido un papel preponderante. Es él y ella
en mí, soy yo en ellos.
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